Una recopilación de 25 posibles sucesos e ideas de aventuras en el mercado de Menzoberranzan
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Muchos de los puestos de este bullicioso mercado brillan tenuemente, ya sea por los hongos fosforescentes situados de modo que ayuden a resaltar las mercancías expuestas, a luz mágica conjurada con el mismo fin o, simplemente, como secuela de otro encantamiento. No obstante, el resplandor no llega a ser tan intenso como para irritar vuestros ojos… los drows no son afines a la luz fuerte, y puede llegar a cegarlos.
Las escenas del mercado son múltiples e innumerables: unos drow foráneos venden lagartos de monta, unos duergar comercian con esclavos, unos kuo-toa ofrecen especias extrañas, … Y tras esas escenas de interés económico hay también las vidas de los esclavos que hacen funcionar la ciudad, tan numerosos como los habitantes libres de Menzoberranzan pero tan insignificantes al mismo tiempo: orcos, gnolls y osgos que vigilan y guardan los bienes de sus amos; demacrados goblins que trabajan sin descanso para los comerciantes; y pequeños kobolds que recogen los desperdicios del mercado y los retiran.
En la ciudad de la Reina Araña, los primeros elfos oscuros que la habitaron desperdigaron sutiles hechizos por el liso suelo de piedra para evitar que en la caverna resonara continuamente un clamor de voces insoportable. Así, mientras que los sonidos cercanos eran perfectamente audibles, los más alejados se van apagando y se mezclan para forman un leve zumbido que se escucha a por la ciudad si se presta la debida atención. En el Bazar estos amortiguadores mágicos se encuentra muy próximos, por lo que sus efectos desconciertan a los recién llegados o a los que, como algunos de vosotros, hace tiempo que no pisan el mercado: dando un solo paso se pasa de oír un suave susurro a oír los intensos gritos de un vendedor de especies de la superficie, las alabanzas de un subastador de esclavos o los estridentes sonidos de algún extraño instrumento musical.
Pero no todos los sentidos están limitados en el Bazaar: no hay ningún hechizo para suprimir los olores del mercado. Especias de la infraoscuridad y de la superficie, vinos azucarados o especiados, pieles extrañas, agradables perfumes y esencias, aceites quemados destinados para freír, sangre recién derramada, productos exóticos procedentes del mundo de arriba, algunos de los cuales tenían ya una más que dudosa calidad, y miles de otros productos que con su aroma enriquecen el lugar. Incluso los excrementos de rothe se venden en el Bazaar.
El orden es la cualidad que brilla por ausencia en el Bazaar. El credo de Lloth recita que el caos es vida y creatividad, que el caos es vida para los elfos oscuros: los drow son hijos del caos y a este se lo deben todo. Y de todo este desorden nacen los grandes beneficios que da el mercado a Menzoberranzan. El Consejo envía de vez en cuando alguna patrulla para desalentar y advertir a los ladrones, pero sin llegar a se algo habitual. Mucho control sólo provocaría un descenso de las ganancias, y las madres matronas se embolsarían menos dinero, puesto que cada casa realiza sus más o menos modestas operaciones ilícitas y secretas por los alrededores y interior del lugar…
El Bazaar es el mayor espectáculo cotidiano de Menzoberranzan.
Riley